Cada vez más psiquiatras y psicólogos, en Chile y en el mundo, están recetando algo que no se compra en la farmacia: tiempo real en la naturaleza.
Durante décadas, la respuesta frente a la ansiedad o el estrés crónico fue casi siempre la misma: una consulta, un diagnóstico, una receta. Eso no ha cambiado ni tiene por qué cambiar — pero sí se le está sumando algo nuevo. En Chile y en el mundo, un número creciente de profesionales de la salud está incorporando el contacto con la naturaleza como parte del tratamiento, respaldados por evidencia científica que lleva más de cuatro décadas acumulándose. Esta nota reúne esa evidencia, el respaldo oficial que ya existe en Chile, y por qué un lugar como la Araucanía es, literalmente, un espacio terapéutico al aire libre.
Nada de lo que sigue reemplaza una evaluación ni un tratamiento de salud mental. Es evidencia de que la naturaleza funciona como complemento — no como sustituto — y cada vez más profesionales de la salud la están incorporando formalmente a su práctica.
En 1984, el investigador Roger Ulrich publicó en la revista Science un hallazgo que cambió el diseño hospitalario en el mundo entero: pacientes operados de la misma cirugía, en habitaciones idénticas, se recuperaban más rápido, pedían menos analgésicos y recibían mejores evaluaciones de enfermería cuando su ventana daba a árboles en vez de a un muro de ladrillo. La única variable era el paisaje.
Un estudio de la Universidad de Stanford publicado en PNAS encontró que personas que caminaron 90 minutos por un entorno natural mostraron menor rumiación (esos pensamientos negativos que giran una y otra vez) y menor actividad en la corteza prefrontal subgenual — una zona del cerebro asociada al riesgo de enfermedad mental — comparadas con quienes caminaron el mismo tiempo en un entorno urbano.
El Dr. Qing Li, de la Nippon Medical School y referente mundial en medicina forestal, demostró que salir al bosque no solo calma la mente: mide el cuerpo. En uno de sus estudios más citados, hombres que pasaron un viaje de shinrin-yoku (baño de bosque) de tres días y dos noches mostraron un aumento de casi 50% en la actividad de sus células NK (natural killer, clave en la respuesta inmune y anticancerígena) — un efecto que se mantuvo elevado hasta 30 días después del viaje. El mecanismo propuesto: los fitoncidas, compuestos aromáticos que liberan los árboles.
Este blog profundiza además en otros dos estudios que ya cubrimos en detalle — la Universidad de Michigan (20-30 minutos de naturaleza bastan para bajar el cortisol) y la Universidad de Exeter (120 minutos semanales como umbral de bienestar) — que puedes revisar completos en nuestra nota Por qué necesitas tiempo en la naturaleza →.
Esta evidencia ya se tradujo en políticas de salud pública reales. En Estados Unidos, el programa ParkRx permite desde 2013 que un médico prescriba formalmente tiempo en la naturaleza como parte de un tratamiento. En Canadá, el programa PaRx (Prescripción de Parques) funciona desde 2020 y, a fines de 2025, superaba los 19.000 profesionales de la salud inscritos, quienes en conjunto han extendido cerca de 1,5 millones de recetas de naturaleza — indicadas para reducir estrés, aliviar ansiedad y como apoyo ante cuadros depresivos.
Lo interesante es que esto no es solo una tendencia extranjera. En 2024, el Ministerio de Salud de Chile incorporó formalmente los baños de naturaleza a la nueva Política Nacional de Medicina Complementaria y Prácticas de Bienestar de Salud. Es decir: un profesional de la salud en Chile ya cuenta con un marco oficial para incluir el contacto con la naturaleza como práctica complementaria ante el estrés y los cuadros de ansiedad.
Esta política forma parte del programa tri-ministerial "Naturaleza para tu Salud" (Ministerios de Agricultura, Medio Ambiente y Salud), que además de los baños de naturaleza incluye mini bosques urbanos, huertos medicinales y senderos y jardines terapéuticos dentro de hospitales.
Nadie puede negar los efectos de la naturaleza y especialmente de los bosques, en el bienestar y salud de las personas.
Según cifras de CONAF, a nivel nacional ya hay del orden de 120 guardaparques capacitados en la técnica de baños de naturaleza, de los cuales 45 la realizan de forma periódica, en 35 áreas protegidas administradas por la institución a lo largo de Chile.
No es trekking ni una caminata deportiva. Es una práctica de origen japonés (shinrin-yoku, literalmente "baño de bosque") que se enfoca en la conexión sensorial, no en la distancia recorrida. Así la describe la académica Rosanna Ginocchio, de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Universidad Católica (UC):
Se hace en grupo, es una caminata a velocidad lenta, porque es la única manera de reconectar con la naturaleza. Va sumergiéndonos a través de los cinco sentidos en esta conexión con la naturaleza: ver los detalles, sentir la brisa, los colores, los movimientos, a pequeña escala y escala de paisaje, promoviendo la atención plena.
De acuerdo con CONAF, la evidencia acumulada sobre los baños de naturaleza documenta beneficios en varios frentes:
Fortalece las defensas naturales del cuerpo.
Contribuye a reducir ambos cuadros como práctica complementaria.
Baja los niveles de cortisol y adrenalina en el organismo.
Mejora su funcionamiento y ayuda a regular la presión arterial.
Mejora el humor y el estado de ánimo general.
Aporta una dimensión de bienestar más profunda y sostenida.
Fuente: CONAF, en el marco del programa "Naturaleza para tu Salud" (2024).
No hace falta viajar a Japón ni esperar una receta formal para empezar. La Araucanía concentra bosques nativos, lagos, volcanes y termas a poca distancia entre sí — el mismo tipo de entorno que la ciencia y la política pública chilena están usando como base para estos programas. Nuestro programa Psicotour, nacido de la formación en psicología de nuestra fundadora, está diseñado exactamente sobre esta lógica: usar el contacto real con la naturaleza como una experiencia con beneficio emocional medible, no solo como paseo. Puedes conocer esa historia completa en Naturaleza y salud mental: nuestra propuesta Psicotour →.
Si prefieres partir por algo simple: un solo día caminando lento entre araucarias milenarias en Conguillío, frente a una cascada en el Geoparque Kütralkura, o con los pies en el agua termal de Menetué, ya reúne buena parte de lo que estos estudios describen: bosque, agua, silencio y ritmo lento.
Detenerse a buscar un ave es una forma simple de volver al presente.
El mensajero de la primavera: llega en septiembre desde Brasil y se va en marzo.
Ver en la guía de aves →El único colibrí del bosque del sur.
Ver en la guía de aves →Sí. Programas como ParkRx en Estados Unidos (desde 2013) y PaRx en Canadá (desde 2020, con más de 19.000 profesionales de salud inscritos) permiten a un médico prescribir formalmente tiempo en la naturaleza. En Chile, desde 2024 el Ministerio de Salud incorporó los baños de naturaleza a la Política Nacional de Medicina Complementaria y Prácticas de Bienestar.
Es una práctica de origen japonés que consiste en caminar lento por el bosque, en grupo, activando los cinco sentidos de forma consciente. No es trekking ni ejercicio físico intenso: el objetivo es la conexión sensorial con el entorno natural, no cubrir distancia.
No. La evidencia científica respalda la naturaleza como una práctica complementaria que reduce estrés, ansiedad y rumiación, pero cualquier tratamiento de salud mental debe ser evaluado y guiado por un profesional de la salud.
Seis de nuestros tours más pedidos — el catálogo completo tiene más de 35 experiencias por toda la región.